martes, 23 de septiembre de 2008

Venta de garaje


Vendo
unas zapatillas marrón,
seis billetes rotos
y una canasta llena de naranjas;
el taller de mi abuelo,
la estampita de Ecuador
que se refleja en el espejo,
y una botellita de colonia.

(En la sección de objetos baratos
pongo los cuadernos de piano de Chopin,
la obra completa de Los Panchos,
dos versos de Gloria Fuentes,
y un libro que no conozco).

Si compra un par de cordones
se puede llevar
-a mitad de precio-
cierta clase de felicidad,
originada en Argentina,
en una cabaña de Buenos Aires,
para ser exactos.

Abro
un especial de dos por uno,
donde tengo relojes,
pares de medias,
cepillos para el cabello,
estuches,
semillas,
tazas de café,
una carreta
y un frasco
con las lágrimas de un ciego.

Vendo
el título de una novela,
tornillos para bicicleta
y una pomada que rejuvenece las manos.
Vendo también lazos de felpa,
peluches de animales:
monos, conejos, elefantes.


Esto es de ayer:
un retrovisor que conserva
la mirada alegre de un chofer;
(tratamos de limpiarlo,
pero sorprendentemente nada puede
contra esa mancha).

¿Se pregunta
por el precio de estas reliquias?
Todo depende del objeto.

Pero
a veces,
olvido marcar los objetos.
Los compradores los llevan
por sumas módicas,
un pestañeo
o un desesperado gesto
ante la paciencia
con que cada uno de ellos
es envuelto.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

El tiempo ya no te pertenece


Zarpaste con cautela
a través de tormentosos ríos
y quisiste esconder
mi calma soleada y absurda.


Hoy decides que tu tiempo
es sólo mi pequeñez desorbitada,
mi febril canto valiente...
Tu tiempo es lo que no tengo.


Ya no sirve un robusto cuerpo;
ya no es tierra capaz de cargar
las raíces quebradas
por la ausencia de esperanza.


Mi campo no es tu espacio
y mi capullo cerrado
es ahora más compacto,
más incierto, más oscuro.

No podemos gritar
que quisimos ser asesinos
de un mañana descubierto,
pues ni tú alcanzaste ese momento
ni yo impulsé tu vuelo.

Hoy decidí que mi tiempo
es sólo tu pensamiento eterno,
tu fugaz deseo incompleto...
Mi tiempo es lo que ya no encuentro.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Quiero robar el destello de tus huesos


Intento descifrar

el desatino en tus pupilas

y esos brazos carnosos

que buscan mi desconcierto

con caricicas audibles, sonoras.

Retuerces mis entrañas

con manos suaves y tentadoras

que alcanzan mis silencios.

Me tomas viva,

llena, completa...

indefensa.

Un paisaje brumoso pintas

y tu pecho resuena en mi andar;

me devoras entera

en vuelo fugaz,

nocturno y paciente.


¿Y ahora?

Ahora sólo me entregas

de nuevo al sigilo...

cargando de ansiedad

mi tiempo,

dejando en mis labios

aire impuro y triste,

sinsabor de ilusa fantasía.