domingo, 30 de agosto de 2009

Como si también



Me vine un segundo hacia mi habitación: y lloré. Lo hice sin pausa, sin rostros observándome, sin suspiros escondidos.
Y pensé.
¿Cómo si ni el más mínimo deseo por mí sientes; si tan solo soy quien te quitó besos algunas veces y quien te besa a diario, aunque tu boca no lo sienta; si tan solo soy quien llora por tus versos o los construye junto a la noche y te encierra en el baúl para evitar que me dañes, cómo no consigo desechar un julio o un diciembre, un año que se hace largo?
Lloré.
Sequé mis ojos y volví a salir. Solo sonreiste al verme y aunque no existe, me pareció ver justo un brillo en tus ojos, uno como si alguna vez hubieras llorado también.

martes, 25 de agosto de 2009

Semblanza de un 25 de agosto


Esta no es la semblanza de un filosofo, un poeta, un medico o un alto y distinguido miembro de la sociedad. No pretende ser un discurso mentiroso, así que tómese por cierto lo que en él se escuchará.

Esta es la semblanza de una mujer que nació de un vientre repleto de musgo; de un vientre doloroso que la cobijó y alimentó sin medida.

Aficionada a los árboles, las charcos, los columpios, las enaguas y las jarras, les hablo de una mujer que atrapa sus sueños en una red de plumas que cuelga sobre su cabeza. Odia decir que no y el corazón se le hace pequeño, se le cierra, cuando alguien comete una injusticia.

Carga una culpa desde que tenía 4 años: la de elegir entre el bien y el mal, por lo que anda por la vida dejando de actuar por miedo y dejando que este le dicte, muchas veces, el camino por recorrer. Sin embargo, ama la vida y el olor de la madera; junto con esto, una pequeña guitarra que le ayuda a inventar tonadas, esculturas en el sonido y dibujos en el aire fresco.

Le teme a la muerte, por misteriosa y oscura, porque intenta que la luz le domine el cuerpo. Abraza cuando quiere, llora cuando quiere, intenta ser feliz y hacer que los demas sonrian.

Ella quiere una casa de madera llena de cuadros por los pasillos, una marimba y un acordeon. También sueña viajar al sur y al otro lado del mundo. ¿Para qué? Pues dice que se le compliria un sueño, dos, o tres... de esos que guarda en la red de plumas.

Cree que los niños son las mejores criaturas del mundo, por eso cuando ve uno le duele el estomago y quiere de una vez tomarlo en sus brazos o hablar con el. Dice que son los que le alimentan una buena parte de sus mariposas, las que una vez le contaron tenia en su vientre, además de otras cosas que las hacen brincar.

Gusta de libros, de poesia, de novelas, historias que le narra su abuelo y otras que le inventa ella a los demas.

Sueña con aprender a cantar para que se le salga mucho de lo que lleva adentro y por eso es una semblanza de una mujer que se calla para escuchar a la ciudad, a los ojos de los demas, a los pies de quienes creen no llevar camino.

Es una semblanza de un 25 de agosto, uno no reconocido, uno apenas visto por algunos... uno abierto para muchos, mientras el tiempo no pare de correr.

sábado, 22 de agosto de 2009

Paspartú


Si caminas por tu sombra
y si alcanzas vuelo eterno;
si declamas en tu pecho
eternidades sin consuelo;
si te olvidas del murmullo
de tus ojos entreabiertos;
si tu alma deja el cuerpo,
yo me pierdo.

Más si buscas con anhelo
entre pétalos inciertos
y te metes en las hojas
que al pasar roban el tiempo;
si te fundes con el sueño
de unos brazos forasteros
si te asomas por mis labios
yo te encuentro.

miércoles, 12 de agosto de 2009

En el tiempo, nuestro tiempo


Con la cuenta de las horas

separamos nuestros ojos
y decidimos habitarnos
por espacios cortos y soñados.
Mi hoy es tu ayer
y si me hablas del pasado
diré que es lo que hace segundo
olvidamos viéndonos el rostro.
Esas noches que desvelan mi cansancio
son la espera de tu sol
el que se te ve en la boca cerrada
cada vez que sonríes sin penumbra.
Y no tenemos nunca un mañana
porque caminamos en tiempo invaluable
tan distinto como tu vuelo y mi canto
muy ajeno a nuestros sinsabores.
Todo corre y se aleja
en las horas donde la ausencia
deja abierta nuestra imaginación:
el tiempo de tenernos frente a frente
y no saber si sonreiremos, callaremos
o solo nos dejaremos ser.